Laidlaw inauguró lo que posteriormente James Ellroy denominaría tartan noir en una conversación con Ian Rankin. Antes de Laidlaw, William McIlvanney había publicado varias novelas y poemarios y era considerado como uno de los mejores escritores de Escocia. McIvanney explicó su incursión en el género policíaco de la siguiente manera:
«Después de haber escrito Ducherty, (una novela ambientada en el primer cuarto del siglo XX) estaba hambriento de civilización contemporánea… El personaje principal de Ducherty es un hombre que sobrevive en la pobreza, que lucha por conservar una especie de dignidad y de una fuerza moral a pesar de su situación. Y Laidlaw es, creo, como una extensión de este personaje. Es un hombre que, en un universo contemporáneo, intenta mantener un atisbo de moralidad en un entorno y en circunstancias complicadas».
Laidlaw comienza con la desaparición de una adolescente, Jennifer. El padre, Bud Lawson, investigado por el inspector Laidlaw en un antiguo caso por dar una paliza a una persona que casi muere, recurre al policía en busca de ayuda. Poco después la joven aparecerá muerta el domingo en un parque. La han violado antes de asesinarla.
La investigación es complicada, por un lado la víctima y el victimario a priori no tendrán ninguna relación entre los dos. Por otro lado, el responsable operativo de la investigación es el detective Milligan, con el que no congenia Laidlaw. Milligan tiene una visión diametralmente opuesta del mundo al de nuestro protagonista «¿Laidlaw? Tendrás que ponerte botas de agua cuando trabajes con él. Para atravesar las lágrimas. Él cree que los delincuentes son personas desfavorecidas. No es detective. Es un representante sindical de los delincuentes juveniles». Milligan diferencia netamente el bien del mal, no hay término medio. Se identifica con un san Jorge matando dragones. El comisario, conocedor de las habilidades de Laidlaw y de que es un verso suelto, le asignará un compañero, Harkness que deberá informar diariamente de los progresos de Laidlaw a Milligan. Se establecerá un equilibrio precario entre los tres hombres: Laidlaw, Harkness y Milligan con el común interés de resolver el crimen.
Para complicar las cosas, Bud Lawson, lejos de quedarse con los brazos cruzados y que actúa «como si Jennifer le hubiera ofendido por haber sido asesinada» irá indagando, cuando no amenazando, en el círculo cercano de su hija Jennifer. Él le había prohibido salir con un chico porque era católico y está convencido de que cuando Jennifer dijo la noche fatídica que se iba la discoteca con una amiga era mentira.
En la trama también estará presente el criminal. El lector sabrá desde el comienzo quién es, dónde se oculta y quién le está ayudando y la razón de ello.
«La soledad era lo que tú mismo te habías buscado. La frialdad era acertada. A partir de ahora estarías solo. Era lo que te merecías. Afuera, la ciudad te odiaba. Quizás siempre te había excluido. Siempre había estado tan segura de sí misma, tan llena de gente que no abría las puertas con cautela, que caminaba con arrogancia. Era una ciudad dura. Ahora toda su dureza estaba en tu contra. Era una multitud de rostros amargados volcados hacia ti, era una multitud de enfados contra ti. No tenías ninguna oportunidad».
Llegará un momento en la novela en la que las tres tramas se crucen: el criminal planeando su huida, la policía su detención y el padre su venganza.
Laidlaw es una novela de personajes. Por una parte, Laidlaw, al contrario de Milligan, se mueve en una zona gris. Laidlaw intenta comprender las razones de cada uno, analiza psicológicamente a los personajes con los que se cruza, de Lawson se imagina «Por todo lo que había sucedido había alguien a quien culpar, y él era precisamente el hombre indicado para ocuparse de ellos. Laidlaw estaba seguro de que su ira no se limitaba a las personas. Se lo imaginaba desgarrando corbatas que no se anudaban correctamente, estampando tubos de pasta de dientes reventados contra el suelo. Su rostro parecía una discusión que no podías ganar». Sin embargo siempre hay un conflicto entre el deber policial y el familiar. Por ejemplo, cuando aparece el cadáver de Jennifer y Laidlaw ha de acudir a la escena del crimen, tiene la enésima discusión con su esposa porque le reclama un domingo tranquilo. «Quieres vivir como si el resto del mundo fuera solo un mal necesario. Alguien está muerto, joder. Puede que eso te resulte molesto, pero para ellos es jodidamente peor».
Laidlaw afronta la investigación no sólo reconstruyendo los últimos pasos de la víctima, sino también analizando su entorno, antes y después de la muerte de Jennifer. Laidlaw tiene mucho de Maigret. Le gusta más preguntar y escuchar que dar respuestas y hablar. La humanidad de Laidlaw se manifiesta en el cuidado y respeto por la víctima, por ejemplo pone todos los medios para que no se monte un espectáculo con el cadáver de Jennifer o cuando ofrece al policía que le acompaña, esperar en el coche mientras que Laidlaw va a darle la noticia a los padres de la adolescente. Laidlaw no es un santo, iremos descubriendo otras facetas de él como sus infidelidades o su alcoholismo:
«Ahora los monstruos eran a la vez menos exóticos y menos evitables. Bebía demasiado, no por placer, sino que lo hacía sistemáticamente, como si fuera cicuta de baja graduación. Su matrimonio era un laberinto que nadie había cartografiado jamás, un infinito de hábitos, heridas y traiciones por el que Ena y él vagaban por separado, encontrándose ocasionalmente en los hijos. Era policía, inspector de policía, y cada vez se preguntaba más cómo había sucedido aquello. Y tenía casi cuarenta años.»
Tampoco en lo profesional es un ser inmaculado. De hecho no tendrá ningún reparo en recurrir a gente de los bajos fondos y usar toda su influencia. Los buenos siempre han de hacer algo malo.
Concluyo con dos curiosidades: la primera, tras leer Laidlaw, Ross MacDonald consideró a William McIlvanney como la mayor revelación del policíaco desde Raymond Chandler y, la segunda, Sean Connery intentó ser Laidlaw en una adaptación cinematográfica de la novela, pero el proyecto no llegó a buen puerto.
![]()



