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Ian Rankin dio comienzo con esta novela a la serie del inspector John Rebus. Un inspector, separado de su mujer, Rhona, y con una hija de «once años, pero hablaba y sonreía como si fuera mayor: once para veintiuno».

Antes de ingresar en la policía, John Rebus trabajó en el ejército, donde pasó todas las pruebas para ingresar en el SAS, pero, una vez dentro, renunció. La razón de su renuncia no la sabremos hasta el final de la novela, pero sí iremos presenciando cómo su paso por el SAS afectó a su salud mental y condicionaría su vida posteriormente.

John Rebus tiene un hermano, Mark, que es todo lo opuesto a él: «Felizmente casado, con dos hijos y con una casa tan grande que Rebus nunca podría permitírsela».

El mismo día en que Rebus es transferido a la unidad que investiga el secuestro y asesinato de dos niñas, recibe en su escritorio un segundo anónimo con un mensaje incomprensible: «Hay pistas por todas partes». Nuestro detective no estará a cargo de la investigación en primera línea, sino que su cometido será más bien administrativo: revisar junto otro colega todos los archivos de la policía «hojeando los hechos y fantasías de violadores, exhibicionistas, pederastas, pedófilos y proxenetas. Rebus sintió su boca llena de cieno».

Rebus vive y trabaja en Edimburgo. Un Edimburgo alejado de los turistas, donde hay heroinómanos, vagabundos… No en vano, Edimburgo es la ciudad de Dr Jekyll y Mr. Hyde. Todos los personajes principales, incluyendo la propia ciudad, tiene su lado oscuro, de maldad. «(Los turistas) nunca estaban interesados en las casas alrededor de este colmillo central. Nunca se aventuraban en Pilton o Niddrie u Oxgangs para realizar un arresto en un piso manchado de orines, no estaban motivados por los drogadictos y camellos de Leith, la corrupción de las gentes de la ciudad, los pequeños robos de una sociedad imbuida de tanto materialismo que el robo era la única respuesta a lo que ellos consideraban sus necesidades…»

Otro de los protagonistas son los medios de comunicación, personificados en un periodista de investigación y en la responsable de comunicación. La principal misión de ésta será que el público sepa solo lo que la policía quiere que sepa y evite que los periodistas puedan contar más del caso de la desaparición y asesinato de la niñas. Como se imaginará el lector, habrá más víctimas y el inspector Rebus pasará a la primera línea.

Como curiosidad, Craig Cabell en su libro «Ian Rankin and Inspector Rebus», cuenta que Rankin se dirigió al Jefe de Policía para solicitar información sobre el procedimiento policial. Éste le remitió a la comisaría de Leith, donde habló con dos detectives. Sin embargo, entre las pintas de ese escritor (botas de Doc Marten, cazadora de pana y bufanda de Dr Who) y las extrañas preguntas sobre el secuestro de niños, los que acabaron formulando las preguntas, por no decir interrogándole, fueron los detectives a él. Ian Rankin no volvería a pisar una comisaría en mucho tiempo. Quién sabe si por este encuentro, en el primer borrador de la obra, John Rebus moría.

«Nudos y cruces» es una novela cuyo principal motivo y valor es conocer y profundizar en el carácter y vida de John Rebus. Un personaje que vive en un piso «en cuyo interior se sentía la humedad y el olor a húmedo. Comprobó la calefacción central y, casi seguro, la luz del piloto se había apagado de nuevo. La maldijo y la encendió…». Un personaje que bebe más de lo que debiera y fuma siempre más de los diez cigarrillos diarios que se había propuesto. La trama del asesino en serie va construyéndose en paralelo a la intriga por el pasado de Rebus. Los capítulos son cortos, algunos de una página. Todo al servicio de este inspector que inaugurará una serie clásica. 

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