El accionista mayoritario es la cuarta novela de la serie del comisario Jaritos. La historia comienza con el doctorado de Katerina, la hija de Jaritos y orgullo de la familia. Katerina y su novio Fanis se marchan de vacaciones a Creta. Poco después salta la noticia en el telediario de que en el barco que viajan ha sido secuestrado. El corresponsal lo compara al Achille Lauro, «el crucero italiano fue secuestrado en 1985 por un grupo de palestinos (…) El secuestro duró doce días y se saldó con una sola víctima, un norteamericano». Ni Katerina, ni Fanis contestan sus teléfonos.

Jaritos acude al centro de mando donde le han informado que se encuentran «el ministro del Interior, al secretario de Estado, a Guikas y a Stazakos, responsable éste de la lucha antiterrorista, pero en la sala de operaciones sólo veo a estos dos últimos. Guikas, su jefe, viste de uniforme, y Stazakos lleva encima todo el equipo de campaña, como se presenta a veces en mi despacho». No hay comunicación con el barco. Comienza la guerra psicológica y las especulaciones: palestinos radicales, terroristas islamistas, traficantes, exmilitares serbios… Son conscientes de que «si durante las primeras cuarenta y ocho horas no ejecutan a nadie, sabremos que su objetivo es no matar, sino chantajearnos para conseguir algo más» y de que «esto es Grecia, si nos despistamos un segundo nos echarán la culpa de todo y se nos va a caer el pelo».

Guikas, para mantener alejado a Jaritos del centro de mando, le encarga que investigue junto con Fred Parker, del FBI quién puede estar detrás del secuestro. A su vez Rusia envía a Igor Challapin, director del Consejo de Seguridad de la Federación Rusa, dos de los secuestrados son un general que sirvió en Grozni y un agente del servicio secreto. Sin embargo, Jaritos no puede quedarse mucho más tiempo en Creta, ya que el asesinato de una estrella publicitaria, Stelios Ifantidis, le obliga a retornar a la península. Tanto el secuestro del barco como el asesinato de la estrella tendrán un nexo común que Jaritos tardará en descubrir. Durante sus pesquisas la tensión aumentará por las acciones de los secuestradores, las discusiones entre las autoridades sobre cómo terminar del secuestro y más asesinatos de celebridades de la televisión.

La angustia de Jaritos y Adrianí, su esposa,  se incrementará al máximo cuando se filtre la noticia de que Katerina es la hija de un policía. Sotirópulos, al periodista que hemos conocido en entregas anteriores, se convertirá en un aliado de Jaritos y Adrianí nos mostrará una faceta desconocida de ella. En la serie de Jaritos hay siempre una crítica social: los problemas de inmigración, la cara oculta del capitalismo, el estado ruinoso de las instalaciones olímpicas, el poder de la publicidad…. Así, subido a su Mirafiori que conduce por las calles siempre atascadas de la capital griega. «Tardo casi tres cuartos horas en ir desde Platuka hasta el laboratorio científico. Todos los que, durante los Juegos Olímpicos, veían fluir el tráfico como las olas del Danubio, y proclamaban entusiasmados que los atascos de Atenas habían desaparecido para siempre, se encuentran ahora empantanados en las marismas de la avenida Mesolingos y sueltan palabrotas, como antes de los Juegos».

Jaritos siempre es Jaritos y no pierde su confianza en que todo se podrá todo solucionar. «Francamente no te entiendo. Llevas años viendo a diario asesinatos, homicidios, atrocidades, cadáveres… ¿Cómo puedes conservar tu optimismo después de eso?». Hasta su relación con Stazakos puede cambiar, aunque no parta con buen pie. Todos saben que «él le toma por un poli pasado de moda que no entiende nada de sistemas modernos, y yo a él por un imbécil que se cree que es Rambo, cuando en realidad no es más que un griego acomplejado».

Y el Jaritos siempre tan humano. «Me invade la nostalgia de la época en que mi padre, cabo de carabineros, perseguía a ladrones de gallinas, y yo, a carteristas. Si me tocaba resolver algún delito de honor, iba a casa del homicida, que me esperaba sentado en una silla, cabizbajo, y yo lo esposaba. Hoy en día, las tradicionales tiendas griegas se han visto engullidas por los supermercados y las grandes superficies, y yo persigo mafiosos, que son de algún modo supermercados del crimen en los que se vende de todo, desde chicas ucranianas y drogas hasta diversión nocturna o grandes complejos de oficinas». ¿Quién no quiere leer más de Jaritos?

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