En palabras de Lorenzo Lunar, «para que exista novela negra tiene que existir marginalidad. En todas las sociedades y en todos los países encontramos zonas más o menos negras, más o menos oscuras. La novela negra se alimenta de lo peor de cada sociedad». Mundo de Sombras es otro buen ejemplo del autor. En esta ocasión no aparece, salvo una breve mención, Leo Martin o personajes secundarios de su universo del barrio de Santa Clara como Chago El Buey, sino que nos conducirá por esas «zonas más o menos negras» de La Habana de la mano de dos hermanos mellizos, Yenia y Yuri. Su madre, Mirta, se ha desentendido de ellos. Ella se ha labrado un futuro como inspectora que controla los municipios y con el apodo de Margaret Thatcher transmite esa «imagen férrea. Mirta Sardiñas, la que le arranca la cabeza al más pinto, la que le parte los cojones al que se equivoque, la que no cree ni en su madre».
Los dos hermanos han creado su particular mundo de pintura y sexo «Le gusta posar para él en posiciones groseras y lascivas. Verlo con el pincel en la mano y el pene erecto, dibujándola mientras se muere de deseos de poseerla.»
Yuri es acusado de la desaparición de una ciudadana italiana, Bianca Rossana Micussi, con la que han tenido relación tanto Yuri como Yenia. Se la encontraron en El Club Paradiso, donde dieron rienda suelta a sus pasiones. «Llega junto a la sombra. Sonríe, gesticula. Intenta palabras en varios idiomas. Sonríe. Le acaricia el cabello, le toma las manos. Se inclina. Deja ver sus senos por encima del escote. Sonríe. Se inclina otra vez. Le pone un beso en la mejilla, bien cerca de la boca. Se toman las manos. La sombra se pone en pie. Se abrazan. Bailan».
El teniente de policía que lleva el caso de la desaparición es César Sánchez. Él cayó en desgracia y ahora vuelto a la ciudad como jefe del Departamento de Criminalística. Sabe que nunca podrá ascender sin que su coronel le proponga para ello, por esa razón el solucionar el caso le puede poner reconciliar con él o, si no lo logra, que ruede su cabeza. El pasado de César Sánchez es el de un policía corrupto que, a cambio de favores sexuales o cortesías «un racimo de plátanos, un par de pollos, un pernil de puerco, una librita de café», sacaba de la cárcel a detenidos o hacía la vista gorda con el contrabando.
Con el tiempo apremiándole, César Sánchez recurrirá a los servicios de un preso el Caballo, «chivato y bugarrón», quien abusará de Yuri para lograr su confesión. Sin embargo, esto tendrá consecuencias imprevistas para el policía, al mismo tiempo que Mirta hará cualquier cosa con tal de sacar a su hijo de la cárcel.
«Siempre hay un culpable. La misión de un policía es encontrarlo. Un policía no puede perder el tiempo buscando la verdad. La única verdad es un culpable».
Todos los personajes de Mundo de sombras se mueven por sus pulsiones de muerte y placer (sexo y/o drogas). Ninguno de los personajes saldrá indemne, como dice el narrador en un momento : «Si volviera a vivir sería escritor. Para escribir una novela. La novela de su vida. Una novela llena de muertes. Una novela en la que todos los personajes no son más que sombras. Sombras que al final acaban calcinadas en el fuego».
Si no han leído nada de Lorenzo Lunar pueden empezar por esta novela o retroceder a la serie de Leo Martin en el barrio de Santa Clara. Sólo una advertencia, como habrá comprobado en la reseña, no es un novelista para estómagos delicados o mojigatos.
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