La estrategia del pequinés es un clásico moderno de nuestra literatura negra. Una novela negra de delincuentes (crook story) y de personas que no han obtenido la recompensa a todos los sacrificios y esfuerzos empleados en mejorar su condición.

La novela comienza con el castigo que recibe Marcos el Rata por no haberse presentado en su puesto de trabajo, como estibador. Esto ha provocado que Júnior pierda dos kilos de cocaína que viajaban en un contenedor, un gancho ciego (por cierto, otra gran novela tiene un argumento basado en esta práctica delictiva, Gancho ciego de Antonio Flórez Lage)

«Lo habían trincado cuando iba a entrar en casa de la Nati, templado como un requinto, dispuesto a rematar la faena echando un polvo. Pero no lo habían dejado llegar ni a la puerta. Le habían cortado el vacilón a cachetones, lo habían metido en el furgón y habían arrancado»

Júnior divorciado tiene una hija con la que desayuna todos los viernes en la chocolatería. Regenta un negocio heredado, Confecciones Mendoza e Hijo, que es una tapadera para el blanqueo del dinero que obtiene del tráfico de droga. Felo, su mano derecha, le mueve la mercancía. Júnior tiene una deuda con El turco de sesenta mil euros por lo de el Rata y las deudas se pagan. Sólo que él no tiene el dinero, pero «piensa en Larry. En el coche molón de cojones de Larry. En la casa grande que te cagas del Larry. En su jodida desfachatez y en la pasta que pasa por sus manos». Recurrirá a el Rubio para que no le relacionen con el golpe.

El Rubio, con un pasado de «dar palos y de hacer de matón a tiempo parcial y de regentar prostíbulos y de hacer viajes a Europa del Este para buscar chicas lo suficientemente incautas para dejarse esclavizar», ha asentado la cabeza con Estela, gravemente enferma a la que las medicinas sólo calman el dolor. El Rubio quiere llevársela fuera de la isla «que la vean médicos de verdad». El Rubio ve en ese último golpe la solución y hablará con Tito, el Palmera y Cora para organizar el asalto.

Cora, en homenaje a El cartero siempre llama dos veces, pensó retirarse de prostituta de lujo liándose con Fernando, pero «resultó no ser más que un puto traficante». Ahora vuelve otra vez a intentar ganarse la vida buscando clientes en fiestas y hoteles. El Rubio le dará una segunda oportunidad, aunque piensa que «Cora es una puta con estilo, pero no deja de ser una puta. Y de una puta solo puedes esperarte putadas». Tito, después de matarse a trabajar, su negocio se va a pique y su mujer se divorcia. El dinero del asalto puede suponer un futuro mejor y más si es con la persona que acaba de conocer.

Huelga decir que el resultado del asalto no será el previsto y que los protagonistas deberán tomar decisiones conscientes de que un paso en falso les costará la vida.

En La estrategia del pequinés, además de la trama y los giros que juegan con las expectativas del lector, destaca lo cuidado de su prosa, las imágenes y la crítica social en la que contrapone a «la ciudad del sol» de Las Palmas a las «calles del pan duro, con edificios que se hurtan la luz y el aire; son calles que huelen a zotal y bajante tupido; son las calles que, por el día son la abulia y el vacío y, por la noche, la unánime sordidez del bajo fondo». Otro ejemplo, Tito, el Palmera cuando se divorcia a los cincuenta y tres años, se muda de alquiler a la calle Juan de Miranda «no estaba lejos de la playa de las Canteras y quedaba razonablemente cerca del parque Santa Catalina, del Muelle, del Intercambiador de Guaguas. Barrio del Puerto. Ideal para jubilados, buscavidas y amigos de la playa. La zona idónea para llevar una vida de ancianito o para estar de paso, para ser extranjero, para irse pudriendo poco a poco entre las ruinas de los pasados esplendores portuarios».

Hay siempre un desvelar continuo de lo que la ciudad no muestra al turista o los vecinos que se mueven por otros barrios.

«Polígonos donde las flores se mezclan con la mierda, homenajes al tunning automovilístico aparcados frente a viviendas donde no se come caliente con regularidad, chiquillas que cambian pañales antes de haber dejado de jugar con muñecas o que sueñan con que las dejen preñadas cualquiera de los chandalerillos que aburren a las esquinas con sus hurtos puntuales y el relato de sus dudosas hazañas pugilísticas».

Hay personajes secundarios que están condenados desde el principio como «Marcos el Rata no era más que Marcos el Rata, un estibador de mierda, sin dinero, sin propiedades, sin ninguna posibilidad de reunir más de mil euros al mes» u otros, como nuestros protagonistas, para los que puede quedar una esperanza.

Concluyo con el título tan peculiar del libro, proviene de una anécdota que cuenta Tito a Cora: «Por el barrio había perros grandes. Estaba de moda que la gente tuviera dóberman, presas canarios, pastores alemanes y todo eso. ¿Tú sabes lo que hacía el jodido pequinés? En cuanto veía que había algún perrazo cerca, en vez de salir corriendo, se le enfrentaba, ladrando. Y si el grande se despistaba, se le colgaba de los huevos o del cuello. Así fue como sobrevivió un montón de años». Sólo queda leer la novela para saber si La estrategia del pequinés les funcionará cuando, tras el asalto, el Turco envíe todos los recursos para restablecer el orden, recuperar el botín y dar un escarmiento a todos los implicados.

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