El contexto se publicó en 1971, diez años después de la aparición de El día de la lechuza, la primera obra en la que se denunció la mafia como organización criminal y las connivencias políticas y sociales y, cinco años después de A cada cual, lo suyo. Estas novelas fueron escritas por el siciliano Leonardo Sciascia en su deseo de propiciar un cambio en la sociedad italiana a través de la cultura. Cosechó un gran éxito literario, pero no se produjo ningún cambio social. Años después lucharía a través de la política con idéntico resultado.

El contexto lleva por subtítulo «una parodia» aunque el propio autor reconoció que tuvo más de dos años la novela en un cajón «¿Por qué? No lo sé bien, pero esto puede ser una explicación: la he comenzado a escribir con diversión, y la he terminado y no me divertía ya». 

Sciascia inicia la historia con el asesinato del fiscal Varga, «metido en el caso Reis». Las circunstancias que rodearon a su muerte serán silenciadas por las «autoridades» de un país inventado. Un país inventado, aunque uno inicialmente no pueda más que pensar en Sicilia y, por extensión, Italia y finalmente, al terminar El contexto, en cualquier otro país.

«El forense fijaba alrededor de la medianoche el momento de la muerte, mientras que los amigos con los que el fiscal, hombre de rígidas costumbres, solía entretenerse cada noche, y con los que también aquella noche se había entretenido, afirmaban que a las diez, minuto más minuto menos, se despidió de ellos (…) Maliciosas hipótesis fueron secretamente formuladas y susurradas tanto por la policía como por amigos; pero fueron drásticamente atajadas, para impedir que salieran a la luz pública, por una decisión tomada entre las máximas autoridades del distrito, que condenaban cualquier sospecha e investigación a propósito de aquella hora y pico como un atentado a la memoria de una vida que había llegado a ser un espejo de todas las virtudes».

 La policía investiga a familiares y amigos de Reis, pero ninguno puede ser acusado del crimen. Entonces, «el ministerio de Seguridad Nacional decidió de enviar al inspector Rogas: el investigador más agudo del que dispusiera la policía, según los periódicos; el más afortunado, a juicio de los colegas». Cuando llegue, a un centenar de kilómetros aparecerá en la playa de Ales el cuerpo del juez Sanza con un disparo en el corazón.

«Dos jueces asesinados en una semana, en dos ciudades no muy distantes, de la misma forma, con proyectiles del mismo calibre disparados quizás con el mismo arma»

Más jueces morirán. El inspector Rogas irá desentrañando el misterio buceando en las sentencias dictadas, revisadas o no consideradas por los asesinados, a pesar de no contar con el apoyo del resto del aparato del Estado.

«Pero nada más, considerando la hipótesis de la corruptibilidad de Azar, Rogas empezó a moverse, a hablar con alguien, a solicitar confidencias, llegó de la capital una exhortación autorizada a no recabar rumores, a seguir el rastro, si es que había rastro, de aquel loco que mataba jueces sin motivo alguno. El argumento del loco delirante llegó ahora a las altas esferas: los ministros de Seguridad y Justicia, el presidente del Tribunal Supremo, el jefe de la policía. E incluso el presidente de la República, comunicaba confidencialmente a Rogas su jefe, todas las mañanas preguntaba si el loco asesino había sido detenido»

Rogas seguirá adelante con su plan. Interrogará a condenados injustamente hasta dar con la sentencia que conectará a todas las víctimas. Sin embargo, sus superiores y desde el ministerio le presionarán nuevamente para que encuentre el culpable entre unos grupúsculos subversivos sin considerar el peligro que pueda suponer ese asesino para otro juez que será, según la lógica criminal, el próximo objetivo. Rogas no tardará en darse cuenta de que miembros del servicio de inteligencia le están siguiendo.

Rogas se enfrentará no sólo con el mal representado en el asesino, sino con un mal difuminado entre los diferentes actores de la vida política, policial y servicios secretos. Como lectores sabremos que la verdad no se acabará siempre sabiendo y que no habrá un final feliz, pero cuando terminemos de leer la novela, como otras del autor, sabremos que estamos paradójicamente un paso más cerca de la verdad.

Una curiosidad, a los que pretendieron ver en el argumento de la novela una referencia a la muerte del juez Pietro Scaglione, asesinado por Cosa Nostra en el mismo año de la publicación de El contexto, Sciascia argumentó que la primera parte de la novela había sido publicada meses antes en la revista siciliana Questioni di letteratura.   

Por último, esta obra fue llevada al cine por Francesco Rossi en 1976, en español se tradujo el título Cadaveri eccelenti como Excelentísimos cadáveres. La cinta recibió el David de Donatello a la mejor película y al mejor director. En mi opinión hace honor al espíritu de la novela, pero se apreciará mejor la película si se ha leído El contexto.

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