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Esta primera novela de George V. Higgins fue publicada en 1972 en Estados Unidos. Una década antes, habían asesinado al presidente Kennedy y había principiado la guerra del Vietnam. Los movimientos de los “panteras negras” y los hippies alcanzaban su punto álgido entre finales de los sesenta y comienzos de los setenta. La lista de bestsellers estaba copada por las novelas de espías y los thrillers, como ejemplo, Frederick Forsyth con “El día del Chacal” o “El expediente Odessa” o William P. Blatty con “El exorcista”. En este panorama, la irrupción de “Los amigos de Eddie Coyle” fue una pequeña revolución en el género negro por su temática y su estilo.

“Te acuerdas de Eddie Dedos”, dijo Dave, “¡Eddie Coyle! El tipo al que le reventaron la mano después de que a Billy Wallace lo metieran un buen tiempo a la sombra por un arma que él compró a alguien…”

Eddie Coyle no tendrá amigos, sino personas con las que se relaciona por lo que puede obtener de ellas o venderles. Porque Eddie Coyle es un traficante de armas de segunda o tercera fila que tiene que un juicio pendiente en un mes. Para hacer méritos con un inspector y conseguir su testimonio favorable le dará un chivatazo que le traerá su perdición.

“Hice la llamada -dijo Foley- Llamé al fiscal y le dije que fuiste instrumental para llevar a cabo un arresto importante y que, como resultado de tu cooperación, confiscamos cinco ametralladoras…”

La novela irá avanzando según la policía investiga la posibilidad de que las armas con las que Eddie trafica vayan a parar a los “panteras negras” o a un grupo de hippies, o a la mafia o esos atracadores que están robando banco tras banco. Porque Eddie, aunque “colabora”, no puede traicionar a sus “amigos” y al mismo tiempo el inspector tampoco es de fiar.

Los personajes y las tramas se cruzan y entrecruzan. Sin embargo, los diferentes protagonistas no son descritos, sino que se caracterizan por lo que dicen y cómo lo dicen. Hay dobles sentidos, insinuaciones, humor negro, jerga… Los personajes igual pueden hablar de los calibres de las armas, como de hacer el amor con una mujer o airear sus discusiones conyugales en largos monólogos. Si le ha venido a la mente Tarantino, no es de extrañar. El director de cine se reconocerá deudor de esos diálogos. De hecho, en honor a Higgins, una de sus películas llevará el nombre de uno de los secundarios que aparece en esta novela: Jackie Brown.

Como curiosidad, el escritor volcó en la novela tanto su experiencia como periodista cuando cubría los procesos penales, como posteriormente, acabada la carrera de derecho, al convertirse en ayudante del fiscal. “Los amigos de Eddie Coyle” es un clásico que marcó una nueva etapa y al que muchos otros autores han intentado imitar sin conseguirlo. Es difícil encontrar un libro tan audaz como redondo, capaz de hacer que los personajes cobren vida con la palabra escrita.

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