En El atracador de mujeres Ed McBain puso en funcionamiento la propuesta que le había realizado a Herbert Alexander, el editor jefe de Permabooks: No habría un único protagonista, sino que todos los integrantes de la comisaría lo serían. De esta forma, los protagonistas de esta segunda entrega del distrito 87, serán distintos de los de la primera, Odio. Habrá referencias a ellos, pero el personaje principal será un policía, Bert Kling, al que dispararon en Odio cuando le confundieron con un periodista sensacionalista, Savage. Kling vive en esa ciudad inventada, Isola, trasunto de Nueva York: 

«La ciudad no puede ser más que una mujer, y eso es bueno porque tu negocio son las mujeres (…) La has visto vestida para trabajar, y la has visto vestida para jugar, y la has visto elegante y suave como una pantera de la jungla por la noche, su pelaje brillando con las joyas puntiagudas del reflejo de la luz del puerto. La has conocido sensual, petulante, cariñosa y odiosa, desafiante, mansa, cruel e injusta, dulce y conmovedora. Conoces todos sus estados de ánimo y todas sus maneras.
Es grande, extensa y a veces sucia, y a veces grita de dolor y a veces gime de éxtasis.

Pero ella podría ser nada más que una mujer, y eso es bueno porque tu negocio son las mujeres. Eres un atracador».

Katherine Ellio ha sido la enésima víctima de Clifford, el atracador que asalta a mujeres por la noche. Ninguna puede dar una descripción exacta de él, siempre lleva gafas de sol, las golpea, las roba y se despide con una reverencia dándoles las gracias.

A punto de que le den el alta, Bert Kling recibe la visita en el hospital de un antiguo amigo del barrio, Peter Bell. Éste leyó la noticia en el periódico de que habían disparado al policía y se acerca a pedirle un favor: Su cuñada, Jeannie, menor de edad, puede estar frecuentando círculos peligrosos.

«—Jeannie no nos dirá nada. Hablamos con ella hasta la saciedad y no le sacamos ni pío. A Molly se le ocurrió la idea de contratar a un detective privado para que la siguiera y viera adónde iba, ese tipo de cosas. Bert, con el dinero que gano, no puedo permitirme un detective privado. Además, realmente no creo que la niña esté haciendo nada malo.

—¿Quieres que la siga? —preguntó Kling, comprendiendo de repente la idea.

—No, no, nada de eso. Jesús, ¿vendría a pedir un favor así después de quince años? No, Bert, no.
—¿Entonces qué?

—Quiero que hables con ella. De esa manera Molly será feliz.

Bert Kling no se ve preparado, carece de experiencia con adolescentes problemáticos. Peter Bell le escribe la dirección en un trozo de papel, por si cambia de idea y su número de teléfono.

Poco después, Clifford vuelve a actuar. Otra mujer es atracada. Hal Willis detective asignado al caso para su detención recurre al soplón Fats Donner para intentar encontrar algún sospechoso que encajara con el tal Clifford. No tardará en recibir una llamada y el nombre de un posible criminal: Sandord Richard Randolph. Veremos sus huellas dactilares y su ficha criminal antes de que Willis acuda a la timba donde se encontrará con el sospechoso.

Esa misma noche, Kling se acercará a casa de su amigo y a hablar con Jennie, supuestamente una verdadera «preciosidad».

«Llevaba una falda recta y un suéter azul con las mangas arremangadas hasta los codos. Era una chica esbelta, pero una chica esbelta con la notable combinación de buenas caderas y senos firmes y llenos que abarrotaban su suéter. Sus piernas también estaban bien. Tenía los muslos llenos y las pantorrillas bellamente curvadas, y ni siquiera los mocasines que llevaba podían ocultar el esplendor natural de sus piernas.
Era una mujer y una mujer hermosa.
Peter Bell no había mentido»

Jeannie no soltará prenda y Randolph es un criminal, pero no es Clifford. Esa noche, Jeannie aparecerá muerta entre unos arbustos y con unas gafas de sol en su mano. Todas las sospechas se dirigirán a Clifford. Los detectives Willis y Byrnes planearán tender una trampa a Clifford, haciendo que la detective de segunda Eileen Burke sea un señuelo («Pensamos que una chica atractiva que caminaba por las calles a altas horas de la noche, aparentemente sola, podría animarlo»).

La hermana de Jeannie recurrirá a Kling. No se cree que Clifford la asesinara porque la autopsia ha revelado que su hermana estaba embarazada y, además, Clifford nunca había matado a ninguna mujer. Kling indagará en su tiempo libre para dar con el amante de Jeannie. A partir de la información que puede recabar en el club Tempo que frecuentaba y considerando el tiempo que le llevaba a Jeannie ir desde la estación hasta donde se citaba con su amante, Kling irá adentrándose cada vez más en el mundo de Jeannie y acercándose al que será su amante y quizás su asesino. Por el camino, se cruzará una mujer especial, Claire Townsend, por la que Kling se sentirá atraído y los detectives Willis y Byrnes.

En El atracador de mujeres conoceremos la rutina del día a día de la comisaría del distrito 87, los turnos de trabajo, la labor de la policía científica, informes forenses, fichas policiales… Una comisaría donde los policías bromean, se cuentan chistes o se meten unos con otros. También unos policías que interrogan con pocas palabras, sonsacan con amenazas o dan rienda suelta a su intuición. Policías que entran en conflictos con otros departamentos y que marcan territorio. Policías que patrullan para proteger o defender a gente que a su vez les puede ayudar, entorpecer o desviar de sus investigaciones y donde siempre un detalle nimio puede determinar el curso de las pesquisas. Esta novela es un buen ejemplo por la que Ed McBain es considerado el maestro de la novela policíaca procedimental.

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