James Hadley Chase, pseudónimo de René Babrazon Raymond, británico, amigo de Graham Green y piloto de la RAF en la Segunda Guerra Mundial. Se mudó a vivir a Francia y posteriormente a Suiza, donde morirá en 1985. Todas sus novelas están localizadas en Estados Unidos, aunque nunca viviera en este país. Si no se nota es porque utilizaba mapas, libros sobre los bajos fondos y un diccionario de jerga para darle el mayor realismo posible a sus ambientaciones. Por otra parte, hay que destacar de su biografía que tuvo una infancia desgraciada: hijo de madre soltera que fue abandonado en un hospicio a los cinco años. Esto ha servido para que más de uno haya puesto el foco sobre las figuras femeninas de sus novelas (os adelanto que ninguna sale bien parada) y los vínculos afectivos entre los personajes.

En Una corona para tu entierro no tenemos un detective privado, sino un periodista que recibe una llamada anónima para que asista, en compañía de otros colegas, a la ejecución del asesino Vessi. Echan a suertes quién escuchará las últimas palabras del condenado y el protagonista, Nick Mason, saca la pajita más corta. Él oirá su despedida: “Se equivocaron de hombre. Yo no lo hice” a lo que añadirá un nombre del que tirar del hilo.

Una segunda llamada telefónica con voz femenina y un primer pago de cinco mil dólares le impulsarán a investigar qué ocurrió realmente. En su camino se cruzarán dos mujeres: la pareja de Vessi, Blondie, prostituta para más señas, y Mardi, la secretaria del principal sospechoso de haber cometido el asesinato. Adivinen de quién se enamorará perdidamente. Por supuesto que habrá matones, muchos litros de whisky (de centeno), traiciones, peleas y lealtades inquebrantables. No habrá diálogos ingeniosos, ni poesía, ni tramas enrevesadas. James Hadley Chase es más un autor de la escuela de James M. Cain que de Raymond Chandler o Dashiell Hammett (por citar a los tres grandes).

 Sus personajes son arquetípicos, pero el suspense psicológico, lo giros en la trama hará que el lector vaya pasando las páginas preguntándose “Y ahora ¿qué ocurrirá? ¿cómo saldrá de esta?” Porque siempre habrá otra llamada anónima, una muerte inesperada o una amenaza que se cierne sobre el protagonista… Un clásico de la novela negra.

 

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