Sara Paretsky, implicada en la segunda oleada de los movimientos feministas en Estados Unidos, es la primera de las escritoras que en la década de 1970 decide dar una vuelta a la figura del detective privado con la que será su primera novela: Valor seguro. Fiel a los clásicos del género, Paretsky creará el personaje de Victoria Iphigenia Warshawski, o Vic para los amigos, una mujer detective, divorciada, huérfana, hija de un policía «polaco en un mundo de irlandeses», seguidora del equipo de beisbol Chicago Cubs y con un despacho en la cuarta planta del edificio Pulteney: «Por la noche parecía un lugar terrible para tener una oficina. Las paredes de mosaico del vestíbulo estaban desconchadas y sucias. Me preguntaba si alguien había fregado alguna vez el suelo de linóleo. El vestíbulo debía causar una impresión tranquilizadora a los clientes potenciales». El ascensor no funciona y saltan habitualmente los plomos. Por lo menos, su despacho es un lugar agradable y ordenado.

A las nueve y cuarto de la noche de julio Warshawski recibe la visita concertada de John L. Trayer, vicepresidente ejecutivo del mayor banco de Chicago. La razón por la que recurre a los servicios de la detective es «por mi hijo. Esto, por su novia. Al menos ella es la que —Se detuvo. Un montón de gente, normalmente los hombres, no están acostumbrados a compartir sus problemas, y les lleva un tiempo arrancar—Sabes, sin ánimo de ofender, pero no estoy seguro de si debería estar hablando contigo, después de todo. No, al menos que tengas un socio o algo». Él no esperaba encontrarse un hombre, pero Warshawski sabe ser convincente:

«Soy una mujer, señor Thayer, y puedo cuidar de mí misma. Si no pudiera, no estaría en esta clase de negocios. Si las cosas se complican, pensaré una forma de manejarlas o caer intentándolo. Ese es mi problema, no el suyo. Ahora, quiere contarme lo de su hijo, o puedo irme a casa y encender el aire acondicionado».

Thayer le contará que por la influencia de la novia, Anita Hill, de su hijo está dejando de acudir a las clases de su carrera de Empresariales en la universidad de Chicago y está pensando en convertirse en delegado sindical. Él fue al piso que comparte la pareja y ella había desaparecido. Su hijo piensa que él la ha sobornado para que desaparezca de su vida y le ha amenazado con cambiar su nombre y borrarse de su vida, a no ser que Anita vuelva.

La detective se pondrá manos a la obra y la primera sorpresa la tendrá cuando entre en el apartamento de la pareja compartido con otros estudiantes: El hijo de Thayer ha sido asesinado. Segunda sorpresa: Thayer no es el que ha contratado sus servicios.     

La trama se irá complicando, por cuanto el hijo de Thayer puede haber sido eliminado por algo que habría descubierto mientras realizaba un trabajo de prácticas en una aseguradora. Warshawski conocerá a Ralph, un hombre del equipo de uno de los principales sospechosos, y comenzará a salir con él. Ralph la ayudará, pero su ayuda ¿es por amor o es una trampa? A la detective la despedirán y le dirán que no cuentan con sus servicios en varias ocasiones, pero lo que una empieza lo acaba.

Warshawski contará con la complicidad de Boby Mallory, amigo de su padre y también policía. Les unen el recuerdo de su padre y las cenas de Acción de Gracias que siempre celebran en casa de Mallory. Con otros policías la relación no será amistosa, especialmente con el capitán Vespucci que estará en un segundo plano moviendo los hilos: «Vespucci había sido un colega del que mi padre se avergonzaba de hablar. A lo largo de los años se había visto implicado en varios escándalos departamentales, la mayoría de ellos relacionados con policías sobornados por la mafia o que hacían la vista gorda a las actividades de la mafia en su territorio. Nunca hubo pruebas suficientes para justificar su expulsión del cuerpo, pero eso también se debía, según los rumores, a que tenía el tipo de contactos que te obligaban a guardar silencio»

Otro apoyo de Warshawski es su amiga, Lotti, en la que confía ciegamente. Lotti era una «de los médicos que practicaba abortos en conexión con un servicio clandestino de derivación al que yo había pertenecido en la Universidad de Chicago en los días en que el aborto era ilegal y una palabra sucia para la mayoría de los médicos». Warshawski irá armada, se peleará con matones, se enfrentará con mafiosos y empresarios y, al mismo tiempo, intentará llegar puntual a sus citas, tomará baños calientes después de cada paliza o jornada interminable de trabajo y no hará ascos alcohol.  

Según contó la autora el origen de la novela estuvo en la lectura de El sueño eterno (The Big Sleep) en 1971. Cuando terminó la novela de Chandler, estaba tan molesta con el personaje de Carmen Sternwood que juró «escribir una novela… que diera la vuelta a la tortilla en las percepciones dominantes de la mujer en la ficción y en la sociedad». Le costó ocho años escribir Valor seguro y no fue un éxito, vendió unos tres mil quinientos ejemplares, pero la editorial siguió apostando por ella y pudo continuar con la serie. Años después, cuando Sara Paretsky analizó la obra que cimentó su carrera literaria en su autobiografía, Writing in an Age of Silence (1992), le encontró un defecto capital:

«Cuando empecé a escribir mi primer libro, Indemnity Only (Valor seguro), estaba tratando de crear una mujer que fuera una persona, no un ángel o un monstruo. Pero no pensaba en lo que significa ser una heroína de forma positiva. Sabía lo que no quería que fuera mi detective, pero no lo que debería ser. Como resultado, la puse en la corriente principal de la forma hard-boiled, huérfana, con una Smith & Wesson, bebiendo güisky, en lugar de pensar en el papel especial que podría desempeñar una mujer detective».

Particularmente creo que no hay mejor forma de modificar la tradición que conociéndola y Sara Paretsky nos trae un personaje creíble con sus matices y sí, sus guiños al hardboiled clásico, pero no por ello una novela menos rompedora y creíble. Si no, que se lo digan a Walter Mosely con su Easy Rawlins.

Concluyo con dos curiosidades. La primera, Valor seguro está dedicado al escritor Stuart Kaminsky, famoso por su serie del detective privado Toby Petters en el que investiga casos que implican a actores de la época dorada de Hollywood y la serie del inspector de policía moscovita Porfiry Petrovich Rostnikov. La razón es porque Kaminsky fue profesor de Sara Paretsky. 

La segunda, Warshawski fue encarnada en el cine por Kathleen Turner, Una detective con medias de seda, basada en el segundo título de la serie, Punto muerto (Deadlock) publicado en 1984, pero esto ya será objeto de otra reseña.

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