Vermouth: Una novela y ocho aperitivos más es una novela corta y ocho relatos. La obra está publicada en la categoría de novela negra, pero Vermouth: Una novela y ocho aperitivos más es una novela que trasciende el género, a pesar de contar con todos sus ingredientes: Boxeo, amaños, miserias, crítica social, malos que triunfan y buenos que no se rinden, honestos que se mienten y mentirosos que dicen verdades…

Esteban Salinero nos contará esta historia a través de los ojos del entrenador: «He visto correr mucha sangre en todos estos años y yo siempre ahí, con la esponja en una mano y la vaselina en la otra, dando instrucciones a uno y otro pupilo que apenas entiende, en medio de la golpiza, lo que es subir la guardia, dar un paso hacia atrás u otro adelante para buscar el punto del jab y mantener la distancia (…) y todo, todo, todo, meses, días y horas de entrenamiento se van al recarajo, porque al gil lo pillan de contragolpe y en el sexto le llegan cuatro mazazos de aquellos y hasta verte Cristo mío». Sin embargo, uno fue diferente, ese fue Rubén Ávalos, el Martillo Ávalos. Al menos, hasta «lo sucedido en Seúl dos años, cuatro meses y seis días antes frente a Ahn Ton Goon».

El Martillo Ávalos acude con su entrenador a la ceremonia de pesaje para su vuelta al ring contra un rumano que han bautizado como la Metralleta de los Cárpatos «porque entre tantos tatuajes, tiene un fusil Kaláshnikov en el pecho y porque vende. Pero este tipo no es gallo para caldo, es de esos que son pura pinta, poco profesionales, que podrían trabajar de porteros de cabaret o hacerle al ciclismo o al ballet cosaco». El promotor de la pelea es Polanco, el Rucio, quien es el representante de los dos púgiles. Él se ha encargado de vender «el regreso del último ídolo del boxeo nacional al cuadrilátero», el evento «llenaba y llenaba páginas en los periódicos y acumulaba minutos en radio y televisión».

El combate está amañado para que Martillo Ávalos vuelva con todo su esplendor. Así se beneficiarán todos, incluyendo Martillo Ávalos y el entrenador, quienes no cobraron nada por la final de Seúl. La bolsa se la quedó Polanco, un tipo sin escrúpulos que no duda en hacer negocios con personas cercanas al Cartel de Juárez. El entrenador desconfía de Polanco, pero como le dice el entrenador contrario: «En dos días todo será música. Música, una cuenta gordita para ambos y dos merecidas semanas de descanso en el Caribe para mí».

La historia fluctúa entre el presente de los días previos al combate y el pasado. El entrenador recuerda sus inicios en el club del Vasco cómo conoció al muchacho que daba puñetazos a una pared, su relación conflictiva con su tío, la que sería su esposa… El entrenador estuvo siempre al lado del que sería el Martillo Ávalos, hasta el día de su boda ofició de padrino, él lo adoptó como al hijo que no tuvo y, cuando nadie daba nada por él después de su derrota en Seúl y más con una lesión que conoceremos después, lo protege, lo cuida, lo alimenta en su casa.

«Siempre he pensado que la derrota y el triunfo pueden llegar a ser una misma cosa. Ninguna de las dos respeta alguna trayectoria. Cuando uno está arriba, las sobadas de lomo están por todos lados. Buena, maestro; grande, compadrito; ídolo, figura. Nadie se ahorra nada, se llenan de pliegos y pliegos de papel de periódico, elogios van y vienen y al final esos mismos pliegos sirven para que la fotografía con la cara deforme del muchacho recibiendo el puñetazo fatal ante doce mil, sirva para limpiarse el culo».

El entrenador llegará a vender todas sus pertenencias y desvalijar el que fuera el piso del boxeador para poder sobrevivir. Por ello, aún sabiendo que Martillo Ávalos está fuera de forma física, el entrenador acepta la idea del regreso de su pupilo: la necesidad aprieta. Comenzarán sus sesiones de entrenamiento y, con grandes esfuerzos, el Martillo Ávalos irá recuperando su pegada. Sin embargo, hay algo que no va y las sospechas del lector se extienden al mismo narrador. ¿Realmente está el combate amañado? ¿El entrenador cree en él o está cansado de su vida? ¿Es un padre sacrificando a su hijo? ¿Volverá el Martillo Ávalos?

Esteban Salinero nos presenta un cuadro con personajes que son supervivientes de un naufragio del que todos se han olvidado. El tono es melancólico y desencantado propio de esa final perdida en Seul que truncó su sueño. Sin embargo, al mismo tiempo, hay un resquicio para la esperanza, para que se haga justicia, que por una vez los perdedores puedan ganar, para que ese combate pueda cambiar la suerte del entrenador y su pupilo. Los personajes mienten y se mienten, la destreza de Esteban Salinero está en que como lectores veamos esos dobles lenguajes, hipocresías y cinismos en muchos de los comentarios, que vayamos intuyendo en ese mundo del boxeo, en ese combate una metáfora de la vida… Vermouth: Una novela y ocho aperitivos más es una novela corta de las que te noquean por su pegada y, al mismo tiempo, te impulsan a levantarte y continuar luchando mientras los personajes cobran vida alrededor del cuadrilátero.

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