Esta es la segunda entrega de la serie de Wallander. En la comisaría de Ystad, recibirán por la noche una llamada anónima avisando de que «dos muertos en un bote salvavidas» alcanzaría la costa. A la mañana siguiente, después de una fuerte nevada, una mujer que paseaba su perro denunciará que el bote ha aparecido en la playa. «La playa de Mossby Stand estaba desierta: el quiosco aparecía cerrado a cal y canto, los columpios se balanceaban con el viento y sus cadenas chirriaban. Al salir del coche, el viento gélido le golpeó la cara».

El hecho de que los dos muertos pudieran provenir de los países bálticos, en plena efervescencia política desde la caída del muro de Berlín tres años atrás, con una independencia aún no completa de la Unión Soviética hace que la comisaría de Ystad reciba la visita de una funcionaria del Ministerio de Asuntos Exteriores.

– La hostia ¿viene a ayudar o a vigiliar lo que hacemos?

y «un par de hombres. Uno del grupo de homicidios y otro de narcóticos».

Wallander con su equipo irá investigando el posible punto de partida del bote, su lugar de fabricación, a qué barco corresponde…  y recibirán una segunda llamada telefónica que le dará aún más pistas. Finalmente solicitarán ayuda a Letonia, desde donde enviarán al mayor Liepa. No voy a desvelar más porque hay un giro importante que provocará que Wallander haya de viajar a Riga para apoyar las pesquisas de sus colegas letones y, por veces, ejercer de espía. Esta historia se desarrollará en su mayor parte en Letonia, en lugar de Suecia e igual que cambia países, la novela por veces es policíaca y por veces es de intriga.

En esta segunda entrega, Wallander se nos presenta desamparado tras la desaparición de su compañero Rydberg y se planteará seriamente abandonar la policía. «Wallander volvió al despacho. Se sintió repentinamente harto de todo aquel asunto. Se sentó en la silla y abrió con llave el cajón del escritorio. Sacó de allí una fotografía de un anuncio de trabajo: la fábrica de caucho de Trelleborg buscaba un nuevo jefe de seguridad…»

Además de la falta de su amigo Rydberg, uno de los asesinos condenados por los crímenes del anterior caso se escapará de prisión por una negligencia burocrática. Es un Wallander más oscuro que, para variar, se enamora de quien no debe. La nota positiva será la relación con su padre, recuperado de su ataque senil y empeñado en seguir pintando «el mismo cuadro, un paisaje a la puesta del sol. De cuando en cuando, a petición del cliente incluía un urogallo en la parte izquierda». También con su hija, aunque intuya que le miente sobre su nueva vida en Estocolmo, puede quedar con ella y hablar. Si bien, se vea reflejado en su padre, en la dificultad que tiene para poder entablar una conversación con su hija.

Por último, indicaros que, si bien no es necesario haber leído la primera novela, Los asesinos sin rostropara seguir el hilo argumental, es muy recomendable hacerlo ya que hay unas cuantas referencias a personajes secundarios y hechos. Y, si les gusta la novela negra nórdica, no dejen de leer a los que lo iniciaron, Maj Sjöwall y Per Wahlöö, Mankell siempre les reconoció el mérito y la maestría, no en vano, esta obra guarda similitudes con la segunda de ellos: El hombre que se esfumó. Ahí lo dejo.

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