Esta obra de Paco Gómez Escribano es novela negra en estado puro. Una novela negra de calle, con personajes que se mueven por Canillejas, un barrio de Madrid, como podía ser un barrio de Barcelona, de Nápoles, de Marsella o el Bronx. Al autor no le hace falta un detective privado para ir diseccionando la realidad o hacer crítica social. Tampoco habrá mujeres fatales, porque las vidas de los dos protagonistas ya son fatales, condenadas a perder, pero con dignidad y la camaradería que da el criarse y vivir en el barrio de toda la vida.

El narrador es el Tijeras quien dejó la heroína por el alcohol «me convertí en un borracho, pero eso comparado con el caballo era un mal menor». Todo comienza con el regreso de el Lejía, el único personaje que había abandonado el barrio. «No le llamaban así por lo de la Legión, que también habría podido ser, pero no. Una noche tuvo una trifulca con un nota que le ganaba en tamaño, pero no en mala hostia» un bote de lejía explicará el origen del mote. Posteriormente reaparecerá en el barrio el Pipo, en su caso porque le liberarán de la cárcel por ser enfermo terminal.

Se reúnen en El Candil, «en el rincón del palo corto de la ele que hace la barra». Donde se dan cita el Humphrey con «su piba, la Tacones» («eran alcohólicos, pero todavía estaban lejos de saberlo»), «cinco borrachos del tipo Homer Simpson» y unos jugadores de mus, del que destaca Matías «que había trabajado toda su vida honradamente, de peón de albañil» en un barrio «de chamarileros, peristas, mercheros, traficantes, chorizos y otros oficios más o menos respetables». El negocio lo regenta el Chino un barman que saca brillo sin parar a todos los vasos. Ese día a día se ve alterado cuando dos matones entran en el Candil reclamando a el Chino el pago de una deuda contraída con un usurero, el Ruso. Como el Tijeras y el Lejía descubrirán poco después, no será el único al que ha prestado dinero en el barrio. El título de la novela Prohibido fijar cárteles (con acento en la «a») les dará una idea de los derroteros de la novela.

No habrá solo acción, habrá reflexiones: «si algo tenía claro en esta vida era que siempre te tropezarás con algún hijo de puta en cualquiera de sus variantes: hijoputa, hijo de la gran puta, hijo de su puta madre». También habrá una mirada melancólica comparando el barrio que fue con el presente, aunque no haya cambiado mucho el fondo. Cambia la música, las gentes, las drogas, pero el fondo es el mismo. A veces da la sensación de que son almas errantes que se saben condenadas.

El tema de las drogas, alcohol incluido y sus estragos está omnipresente, a veces de forma cruda, otras con un humor ácido. Tampoco todo es negro, el contraste entre los dos protagonistas, provocará que haya más de un momento cómico o situación absurda.

En resumen, Paco Gómez Escribano nos transmite desde la perspectiva de el Tijeras no solo su vida en el barrio (cameo incluido del autor), sino la vida en esos barrios muchas veces olvidados, de ese «realismo sucio» que está a pocas calles de las avenidas.

Por último, os dejo una interesante entrevista que hizo Mariola Díaz-Cano a Paco G. Escribano, junto a Jon Arretxe en sus «Charlas a Pares» (una iniciativa muy recomendable para todos los amantes de la literatura). 

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