El sonido de tu cabello es una novela negra coral, situada en Las Tres Mil Viviendas, «Un país dentro de una ciudad. Sevilla queda a unos minutos, a miles de kilómetros de allí», en los alrededores de su Iglesia Evangélica Calvinista de Filadelfia aparece el cuerpo de otra joven horriblemente mutilada.

La inspectora del caso es Perpetua Carrizo con «metro sesenta, pero con el pelo rojizo sucio pegado al cráneo, los zapatos sin tacones, las gafas antiguas y el ancho chaquetón azul marino le hacen parecer aún más baja». Tiene una hija de seis años, ciega.

El otro protagonista es Set Santiago, un abogado que aprovecha la lentitud administrativa para solicitar a los ancianos que necesitan la pensión de dependencia una comisión que sería «la mordida para el funcionario de turno, para acelerar el proceso», sólo que el funcionario nunca verá ese dinero. Aparte de esos chanchullos trabaja para Sebastián Lancha, prestamista y enfermo terminal. Sebastián le prestó dinero a Antonio Ernesto Orsini, un empresario de la noche. Éste se han negado a pagar en plazo el dinero acordado. Su forma de comunicarlo ha sido violando a la cobradora, Valle. A Set le une una deuda con ella desde que le cubrió con su propio dinero el que Santiago se gastó en cocaína y alcohol en lugar de entregárselo a Sebastián. 

«No caben denuncias a la policía, no caben ni siquiera venganzas personales, sólo medidas y contramedidas. Son profesionales. Todos saben a lo que se exponen en el negocio del crédito ilegal. Están solos en todo eso. Sola bajo el aguacero falso de la ducha».

El tercer personaje principal es Luisa Orujo, quien aprovecha un permiso carcelario para no volver a prisión. Su objetivo es vengarse de los que le tendieron una trampa y por la que la acusaron injustamente de asesinato en una misa negra. Set Santiago será el encargado de entregarle «el sobre que también contiene, además de un móvil a través del cual la llamarán en su momento las personas que han hecho posible su puesta en libertad, la llave de un piso que nadie más conoce». Como caracterización de Luisa Orujo, baste decir que se tatuó en chino Al margen del mundo, tiempo después descubrirá que el ideograma que lleva en el brazo significa Soy la criada del demonio.

La historia de Set Santiago se cruzará con la de Perpetua Carrizo cuando, a través de un antigua compañera de facultad, Agustín Azpiri contrate sus servicios para defender a su hijo, acusado del asesinato de la primera mujer que que apareció asesinada en las cercanías de la iglesia evangélica.

Set Santiago junto con la ayuda de una abogada que antepone su ética a su puesto de trabajo (será despedida) descubrirán que ha habido otras desapariciones de mujeres y asesinatos. La justicia no es justa y prefiere mantener a un inocente en prisión para que no se desate la alarma social. Set, junto a la exabogada, investigarán en el círculo cercano del hijo de Agustín para recabar testimonios y pruebas de que él no pudo ser el culpable.

Una nueva víctima aparece en la habitación de un hostal «Unos veinte años, morena, pelo largo, delgada, guapa.

Otra vez.

Violada por ambos conductos, cortes en un pecho y mordiscos -con falta de materia orgánica- en el otro, además de en otras muchas partes del cuerpo, un triángulo de piel cortado en la zona púbica, muerte probable por estrangulamiento.

Otra vez».

Todos esos crímenes tienen conexión con otras mujeres muertas de la misma manera en Ciudad Juárez, México y hay un subinspector de policía, Luque Viejo, que trabajaba infiltrado en Las Tres Mil Viviendas al que nadie localiza.

Cada capítulo va precedido por una serie de noticias de El correo de Andalucía que poco a poco irán adelantando información de lo que va surgiendo. Hay un toque fantástico, ya sea por la imaginación de la inspectora de ese asesino que la ronda como si fuera un demonio o la figura de el Muló, al que los gitanos de las Tres Mil Viviendas responsabilizan de la muerte de las mujeres. «El Muló es un ser muy cabrón, el más maléfico que se pueda imaginar, capaz de cualquier cosa, incluso contra los suyos, desde chuparles la sangre a destruir sus propiedades o enfermar a las bestias, pero sobre todo van contra los niños y las mujeres, a las que secuestran para follárselas y comérselas».

La sordidez del caso se refleja en el ambiente de podredumbre, drogas, marginalidad y en la moral de sus habitantes, ejemplificado en la escena del recuerdo del policía del personaje, buscaruinas, quien arrebató el arma a un policía local y le amenazó con dispararle en la cabeza en medio de la calle. «Lo que no he conseguido olvidar son los gritos de los vecinos desde los balcones, pidiéndole que disparara, exigiéndole que disparara, insultándole para que disparara». Por otra parte, la inspectora no duda en ofrecer droga a una mujer que se está desintoxicando para obtener información en el caso «Siempre la había protegido porque antes era muy fácil tratar con ella: bastaba con enseñarle una plata de farlopa y le contaba todo lo que supiera sin hacérselo repetir. Pero si ahora conseguía dejar el consumo, ya no podría controlarla». Es una inspectora que afronta «cada jornada como si llegar al final del día supusiera un esfuerzo titánico siempre a punto de fracasar». Cuando estaba leyendo la novela, me recordó ese ambiente de miseria y negrura que atrapa a los protagonistas y los lleva al abismo a La Dalia Negra de James Ellroy.  

Con una prosa cuidada y frases cortas Juan Ramón Biedma transmite la emoción del momento y el lugar (tan cercano y tan extraño) con el habla y jerga de los habitantes de Las Tres Mil Viviendas. Entre otras denuncias, destaca la dejadez de la administración en el barrio, donde se concentra el mayor índice de chabolismo vertical de Europa.

«¿Tú sabes el porcentaje de personas no empadronadas que hay en Etiopía? Si no existes en el censo, simplemente no existes. Nadie te va a echar de menos si incumples algún trámite oficial, nadie te va a buscar. No e-xis-tes -silabea-. ¿Y si crees que esta gente recurre a la policía cuando desaparece alguno de su familia?»

Set y la inspectora, cada uno por su camino, investigarán y descubrirán además de la atrocidad de los asesinatos, otros crímenes que se cometen a diario con personas que no existen. Una novela negra, negra, de las que dejan poso y seguro que releen.

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