Los perros que nadie quiere fue la novela ganadora del Premio de Novela Negra Ciudad de Getafe 2023. Esta novela negra pertenece al subgénero mafioso. El protagonista es Francisco Claro. Él ha heredado el negocio de su padre, pero quiere romper con el pasado. Ordena que se demuela la casa familiar y se levante una nueva vivienda en el mismo terreno. Esto ocasionará consecuencias imprevistas en su clan.
El segundo personaje principal de la novela es Ada Negre, ex militar de Operaciones Especiales y contratada para garantizar la seguridad del abogado de Francisco Claro cuando va a Gibraltar a realizar un encargo. A ese trabajo seguirá otro más delicado. Francisco Claro recibe el chivatazo de un antiguo compañero de su padre, Iván Sokolov, de que alguien ha contratado los servicios de «un kazajo llamado. Arman. Un mal bicho. Le ponía los pelos de punta a los míos, decían que estaba metido en cosas raras». En la fotografía que le remite, se ve un vehículo un Reznavi Tank, del mismo color que el de Domingo, hijo del lugarteniente del padre de Francisco Claro.
«Era carne de televisión, chulo de gimnasio muy moreno y, solo en teoría, bien vestido: cuello de camiseta que mostraba la línea de los pectorales y pantalones estrechos y arrugados por los tobillos, anchos y arrugados igualmente por la cadera; cadena de plata, piercings en la ceja izquierda y la lengua; guapo como el diablo».
En paralelo sabremos que Ada Negre está trabajando para el CNI. Su objetivo es entrar en el clan de los Claros para conseguir pruebas contra Francisco Claro «algo que implique cárcel». A cambio de ello, «consigo todo el dinero que pueda, tengo libertad para cometer cualquier delito y, al acabar el trabajo, me fabricáis una identidad nueva y un pasaporte». Sin embargo, su enlace con el CNI ha sido sustituido por otro el cual parece desconocer el acuerdo. Ada duda si realmente hubo un acuerdo desde el principio.
Tras el chivatazo, Francisco Claro no sabe si puede confiar en su lugarteniente (el mismo de su padre, Dominico) y en el hijo de éste. Domingo, además, tienen su grupo de fieles dentro de la organización. «Eran sus fichajes, chavales de entre dieciocho y veinte años que había progresado haciendo de puntos en los desembarcos de hachís, dirigiendo pequeñas cuadrillas de trapicheros, entrenando mucho en el gimnasio y, finalmente, pasando a estar bajo las órdenes directas del segundo del jefe en encargos más importantes». Las dudas de Francisco Claro se acrecientan cuando ninguno de sus hombres le alerta de la presencia de Arman en su territorio y uno de sus cuatro distribuidores de droga recibe una paliza y le roban el alijo. Entonces, mueve ficha y contrata los servicios de Ada Negre. Ella seguirá a Domingo, será sus ojos y sus oídos y la que termine descubriendo toda la verdad. Ada deberá decidir cómo salvar su vida, si recurrir al CNI o Francisco Claro, o a los dos, o a ninguno.
Los perros que nadie quiere es una novela en la que Juan González no da tregua al lector, a la posible rebelión en interior de la familia, se le suman escenas de novela de espías y de acción. Destaco el momento en el que todos los protagonistas se darán cita en una chatarrería, regentada por una rumana y con ayudantes gitanos que presumen de ser neutrales. Sin embargo, hay una guerra y hay que tomar partido. Todos los personajes tienen sus razones, a menudo en conflicto con sus corazones, muchos de ellos son «los perros que nadie quiere», porque en un mundo donde la lealtad pesa más que los lazos familiares, el dinero y el poder a menudo rompen esas lealtades. Esto sirve no sólo para el mundo mafioso, sino para los Estados, como en el caso de Ada a la que su abogado le informa que «Defensa no va a soltar un duro. No van a admitir jamás que enfermasteis en el frente. A mí ya me han presionado para que lo deje, pero quiero que sepas que voy a llevar vuestro caso hasta el final. Lo siento mucho.» Uranio y mentiras. Cogen a los soldados que han besado la bandera, y coño, los obligan a cagarse en ella. Por ahí están, sueltos, algunos trabajando en seguridad privadas, o peor. Otros ya han desarrollado leucemia y se están muriendo. Yo tenía cita mañana. Cualquier día de estos me dicen. «Ada, cariño, te quedan seis meses». O menos, si no consigue salir con vida de la chatarrería, la familia rival, Francisco Claro o el CNI pueden pensar que sabe demasiado, que vale más muerta que viva o que les pueden traicionar y pasarse al enemigo.
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