Black, black, black de Marta Sanz es la primera novela de la trilogía del detective Arturo Zarco. Los clientes que contratarán sus servicios es «una familia destrozada por el estrangulamiento de su hija; una familia que no entiende que la policía no haya aún apuntado con el dedo hacia ningún sospechoso y haya archivado el caso después de un año de infructuosas investigaciones». Oficialmente Zarco no puede investigar el asesinato, pero sí podrá intentar ayudarles a recuperar la custodia de su nieta, Leila. La relación entre los suegros y el yerno, Yalal Hussein, es complicada.

Hasta aquí parece que la novela seguirá por el derrotero del detective en búsqueda de la verdad, el sospechoso que no es tal y el ambiente que rodea a la víctima que servirá para crítica social o denuncia. Sin embargo, Marta Sanz juega con los clichés del género y nos presenta un detective «como un refinadísimo Philo Vance. Al mismo tiempo, fuerte, viril. Guapo» y al que le gustan «los muchachos de baja estatura y complexión débil». Además está divorciado, su matrimonio con Paula duró menos de dos años, pero ha ganado una amiga a la que telefonea a menudo y «cuento mis desengaños o le transmito la euforia de los primeros encuentros con mis amantes». Paula será el contrapunto de la historia que nos narra Zarco. A veces nos desvelará las invenciones del detective o cómo adorna su relato para cautivarla (o al lector). «Se nota lo mucho que te gusta el cine…» o «Ya nadie friega de rodillas. No sabes nada de nada. Todo lo que dices es falso, Zarco, no porque seas un mentiroso, sino porque una película, un filtro, empaña tus ojos».

Todos los vecinos del inmueble donde vive Yalal con su nueva pareja son sospechosos de haber cometido el crimen, alguno puede que haya cometido más de una ilegalidad y, entre esos sospechosos, Zarco puede haberse enamorado del hombre incorrecto. «Ama a las mariposas. Tal vez yo debería tener miedo a que me amase a mí -me ha permitido tocar su mano nacarada debajo de la luz, lo he abrazado, casi restriego mi vientre contra su rabadilla lampiña, he deseado incrustarle mis dedos en los huecos de las vértebras…- pero mi pánico es un aliciente más para mi amor. Tengo ganas». Poco a poco, Zarco se irá adentrando en un mundo extraño donde cada vecino vive sus mentiras, sus secretos y contradicciones y «Paula empieza a estar preocupada por mi seguridad o quizá se arrepiente de ser tan desabrida o tal vez necesita demostrarme que me quiere más que nadie». Hay más asesinatos en el edificio y Zarco recibe un diario de quien menos lo espera y lo comparte con Paula. Ésta se verá obligada a intervenir y acudir a «El edificio donde vivía Cristina Esquivel, donde viven, Luz, Olmo, Leo, Piedad con su cara intacta en la desproporción y la torcedura, tampoco presenta un aspecto fuera de lo común. Un portero automático. Escalera interior y escalera exterior. Treinta buzones» Sin embargo, los detalles que le ha relatado Zarco no son tales.

En Black, black, black Marta Sanz hace guiños a los amantes del género negro, por ejemplo compara la casa de los Esquivel con la de los Sherwood en El sueño eterno: «un chalé anodino, decorado con mal gusto y que no cuenta con ninguna estancia tan hipnótica como el asfixiante invernadero en el que el Coronel recibe a Marlowe después de que Carmen Sherwood haya intentado tomar asiento en las rodillas del detective: «Tenga cuidado con su hija, Coronel Sherwood, ha tratado de sentarse en mis rodillas cuando yo estaba de pie»». No faltan menciones a cine clásico como Lana Turner y John Garfield u obras clásicas y modernas de novela negra como Adiós muñeca o Cosecha roja, personajes como el mencionado Philo Vance o Salvo Montalbano o autores como James Hadley Chase. Todos son tratados con ironía, fino humor y una visión fresca del género negro con el juego de perspectivas de los personajes, un narrador poco o nada fiable, un lenguaje cuidado y unos personajes inolvidables.

Concluyo con una cita de la novela:

«-Nuestro pacto era con la ficción, nunca con la verdad. Aunque la gente confunde las dos cosas continuamente…

-Es que hay personas que dicen más verdades mintiendo que otras confesándose».

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