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 Esta novela fue la primera novela publicada de un policía de Los Ángeles, Joseph Wambaugh, que había ingresado en el cuerpo en 1960. ¿Qué tiene esta novela diferente? ¿Qué hizo que solo un año después, en 1972, hubiera una adaptación cinematográfica con George C. Scott en el papel principal?  Empecemos por lo que no tiene: No hay asesinos en serie, ni asesinatos truculentos, ni inocentes injustamente acusados, ni juicios con un giro en el último minuto… ¿Qué hay? El día a día de tres policías (Serge Duran, Roy Fehler y Gus Plebesly) desde que se forman en la academia, en el verano de 1960, hasta cinco años después. En su rutina, por veces aburrida, por veces extenuante, se cruzarán con pandilleros, prostitutas, borrachos… entrarán en casas por peleas familiares, perseguirán a rateros, solucionarán delitos de poca monta, se verán envueltos en disturbios raciales, conflictos culturales, también alguno se enamorará. En otras palabras , la vida nada glamourosa, ni espectacular de un policía de Los Ángeles. Una novela desmitificadora. A modo de referencia cultural,  el mismo año de la publicación, se estrenaba en las salas de cine «Harry el Sucio» de Don Siegel, con Clint Eastwood como protagonista.   

Wambaugh nos mostrará cómo, aunque los tres lleven el mismo uniforme y hayan recibido la misma formación, cada uno interpretará la ley, afrontará el peligro y el delito de forma diferente. De igual manera el autor anticipa en la vida de los veteranos que les acompañan en sus primeros años de patrulla sus posibles futuros: Kilvinsky es todo un profesional tan volcado en su trabajo, que su mujer se acabó divorciando de él (no revelo su final) o Duncan, alcohólico… James Ellroy reconocerá que su «deuda con Joseph Wambaugh incalculable». 

Por último, Michael Connely recuerda acertadamente en el prólogo de la novela la cita de Nietzsche «Quien con monstruos lucha, cuide de convertirse a su vez en un monstruo».  

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