Hierro viejo tiene como protagonista a Coveiro, un viejo achacoso, al que le tiembla la mano y ha perdido la buena puntería. No obstante, todas las mañanas «el viejo sepulturero salía con el morral, el cuchillo de desollar y la escopeta cada día antes del amanecer y volvía a eso de las diez de la mañana. Siempre de vacío. Desde que se instaló en la casa del cementerio, y de eso iba ya camino del año no se había cobrado una sola pieza. Nada». Pronto descubriremos que Coveiro ha sido un asesino a sueldo. Un asesino a sueldo con su código ético, por ejemplo no dispara a una de sus víctimas, Rosalía Ott, una presentadora incómoda para el poder, porque iba con sus hijos en el mismo coche.

Coveiro recibe el encargo de enterrar en el cementerio de Balanegra a Leonardo, un político imputado por un delito de pederastia y que ha muerto de un infarto. Leonardo es el hijo mayor de doña Rubí de Miguel, dueña de Carbac, «la industria cárnica más importante del país». La noticia del ingreso en prisión preventiva del primogénito y de la acusación no ha sido filtrada a los medios, pero gracias a Ruso, un sargento de policía a sueldo de doña Rubí, el periodista Chester puede publicar la primicia a doble página. Lo que no sabe es que Doña Rubí contrató los servicios de Dudas Franco, el Duque, para que el forense Garrido certificara la muerte de Lenonardo y para organizar un cambio de cuerpos el día del entierro, además de eliminar a todos los testigos e incluir el nombre del periodista como venganza. Los encargados de realizar la «limpieza» serán los Bobby, una pareja de asesinos a sueldo.

En su casa al lado del cementerio, Coveiro convive con Marco, su sobrino autista. El hermano de Coveiro, Richi «perdió a su mujer por un cáncer. El que creyó que la felicidad era otra cosa. El que se sentó en un banco en el andén y esperó paciente a que apareciera el primer tren, cualquier tren. El que saltó a las vías». Coveiro se hizo cargo del chaval y «descubrió que Marco se valía por sí mismo para prácticamente todo, pero necesitaba un empujón, una guía, un mapa. Alguien que le indicase el camino y lo ayudase a no perderse en la encrucijada».

El día del entierro todo transcurre según lo previsto, pero los dos matones de doña Rosa cometerán el error de secuestrar a Marco. Coveiro, sabedor de que Ruso está implicado y como desconoce quién más en la policía puede estar al servicio de doña Rosa, decidirá ir en su busca. «Se encontraba en marcha de nuevo, sí, pero por mucho que quisiera, ya no era el mismo de antes». Su primer objetivo será Ruso, pero en su camino se encontrará con los Bobby y una sorpresa del pasado.

En la línea de La cordura del idiota Marto Pariente nos condimenta esta novela negra con momentos de humor muy negro, como cuando los Bobby van a cometer un doble asesinato, discuten el método a emplear y se recriminan asuntos personales delante de las víctimas. Marto Pariente no sólo nos regala personajes inolvidables, sino descripciones que muestran lo cuidado de la prosa y la emoción que transmiten. Dos ejemplos en Balanegra, «en el silencio de la noche, los grillos, el lejano croar de las ranas y el arrullo de una paloma en el alero de la casa» o «el viento soplaba en su dirección, le llegó el doblar de las campanas desde la torre de la iglesia. Daban las dos. Y algo más bajo, como ruido de fondo, el chirriar de los goznes de la verja de la entrada».

Si les gustó La cordura del idiota han de leer Hierro Viejo. Si no han leído ninguna de las dos, puede empezar por cualquiera porque luego no querrán perderse la otra.

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