Enrique de la Cruz nos trae en Una última apuesta una novela policiaca. Comienza el lunes 25 de noviembre de 2019. Por una parte, asistimos a los últimos instantes de vida de Eduardo Castro en su casa y, por otra parte, al desayuno entre el inspector Garet y el que ha sido su compañero, Pepe Sánchez, quien se jubila. En ese desayuno, sabremos que aparte, del cariño y complicidad que se muestran, también hay una deuda pendiente entre los dos.

«—Mira, Pepe, no quiero ahogarte, pero quiero mi dinero, ¿lo entiendes? —Garet hablaba en tono paternal mientras Sánchez asentía—. Si quieres algo más de tiempo, lo entiendo, aunque llevo esperando ya demasiado, incluso para un tío paciente como yo.»

Ese mismo día Garet y su nuevo compañero, Pascual Sañudo, reciben el aviso del suicidio de Eduardo Castro. Sin embargo, el hecho de que la misma noche que muriera se encontrara con él «un amigo» hace que no descarten la hipótesis del asesinato. Garet comienza a investigar solo, su compañero tiene una reunión con el tutor de su hijo. Los dos son inspectores y los dos tienen estilos de vida y metodologías diferentes. No obstante, el comisario, Larra, parece guardar igual aprecio por los dos. «Larra era un hombre templado por los años, con una mano izquierda digna de mención y una inteligencia de esa que llaman emocional exacerbada que le hacía compadrear igual con superiores e inferiores. Se mostraba moderado en la polémica laboral, poco amigo del chiste y desparecido en la cháchara política».

En la trama de Una última apuesta, hay un hilo que es la indagación policial con el mundo de las casas de apuestas y por internet de trasfondo. El caso de Eduardo Castro se complica cuando Garet y Sañudo descubren (el lector lo sabe desde a primera página) que esa muerte guarda relación con el fallecimiento del hermano en la misma fecha dos años atrás. Como en toda novela de género policial habrá giros, falsas pistas, callejones sin salida, personajes poderosos, alguna nota de humor y más de una sorpresa. Los dos inspectores se irán acercando profesional y personalmente. No es solo una novela propiamente procedimental, es una novela de personajes y precisamente lo que hace esta novela distinta, es el otro hilo de la trama: Garet. Su compañero Pepe no le paga lo que debe y se intuye que tiene deudas contraídas con otras personas. El pasado de los dos policías tampoco es inmaculado. Una revelación de Sañudo a Garet precipitará que la historia tome un derrotero completamente distinto y, entonces, comprenderemos que más de un personaje ha de hacer «una última apuesta» para salir indemne o, cuanto menos, sobrevivir.

Por último, el personaje de Garet es el que califica como negra esta novela. Enrique de la Cruz, como en su anterior obra, Los Robles, se nota que es un lector de género (y no solo de novela negra, ese arranque de «Así murió Eduardo Castro…» y que el hermano mayor se llame Santiago, ¿homenaje a Santiago Nasar y García Márquez?) Enrique de la Cruz juega con los clichés clásicos y con las expectativas del lector para darle a las escenas y al desarrollo de la obra un impulso novedoso sin hacer trampas (no nos oculta ningún elemento) Al final, en Una última apuesta, como en la vida, aunque uno crea tener todos los números para cantar bingo, siempre habrá terceras personas, azar, intereses ocultos, conflictos y decisiones que condicionarán el resultado. Dejo el lector que averigüe el final de cada de las apuestas que realizan los personajes y, por si tienen dudas, solo les adelanto que ganarán si leen Una última apuesta.

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